viernes, 6 de marzo de 2009

Canto I

Si hay más de vidrio
en recoger tus muñecas de mis sombras
como figuras que se jalan
para anudarse en un zapato,
tendré por bien darle a mis llaves
que otrora intento fueron ruido;
veré tu verbo en mi vacío;
detendré en mi vaso la gota.

Si el soliloquio de verano
te engendrará como a las hojas
y encimarás mi voz
cual rima añeja
y más besada,
bien cuidaré
dormir tu pausa
para olvidar que en vano el río no cesa,
un lienzo por cada palmo,
un cielo por cada pieza;
ala
libando un atrio
de infinita mudez,
de infinito canto.

.Texto taller- Dupont M.

Desde que corro con ella no puedo evitar este llanto niño, esta boca rota. A veces volteamos a medias, en turnos mal actuados, pero el miedo es inherte, decimos, y lo repetimos con la misma facilidad que encontramos otro paso; si este puto día no fuera tan largo hubiera soltado el arma en una esquina de pena.
Bebe hasta el último rayo, princesa, que pronto comenzará a oxidarse este bello césped y no habrá amparo mas piadoso que una roca; este hilo en mi tobillo, este harapo en tu espalda, pronto nos irá masticando y ya no seremos ni medio pelo del, otrora, cielo.
Marcia, no dejes nunca de inyectarme esta premura de bestia en ocaso, este jalarme ahogado en el pecho; se bien que tu sucucho sombreado y turbio hoy podés verlo latir como un palacio imperial erguido en un marcador de punta tibia, pero dormir sobre la luz no nos habría hecho brillar.
Aquel señor no tiene rostro y se golpea hasta entenderlo, una berenjena se abre los brazos con un puñado de soja, el peluquero destripa un tiempo y cambia el ritmo del vals, bailan marote ahora y es divertido pero corremos por dentro, y nos brotamos y lloras y te mezclas contigo misma, y ellos nos creen con ellos y todos palpan y saltan, y todos lloran y corren. Yo intento ganarte una puerta para poder quitar los tacos de tanto alcohol sin fumar. No lo hagas José que nada vale este gesto, llevate si queres hasta mi medallita de la virgen, pero disparame por un teléfono que tengo gusto a bailar.

La condena

Le cubrió los oídos como excusando su culpa. Pero cuando todo acaba la pena halla siempre el resquicio. Es decir, de qué me sirvió si parte de su cuerpo luego estaba en mi rostro como frutas viciadas que se arrojan contra un muro. Qué estúpida fuiste mujer, como seguir sintiendo madre. Estas lluvias como hoy, aún te intentan recuerdo, aunque no valgas siquiera el agua que mancha el techo del baño.
Todo te ha perdonado, las fotos, los perfumes, los nombres largos de las calle cortas, los papeles escritos estando al teléfono.
Que estúpida fuiste mujer, que ni siquiera pudiste matarlo. Había moscas ya en su pecho, el plomo solo lo ha acostado. Si eso fue amor, es que no esperas cartas mías.

En donde las horas te esperan, veras el prado donde has dejado tostar la miel de mi sonrisa. El cielo en el borde de la mano, las sombras debajo y por encima de las sillas.
Te enviare flores en octubre para remozarte la tristeza. Que no encuentre la puerta, que no haya plegaria que le de pan a tu alma, un puñado de esperanza será toda esta mierda de luz que me obsequiaste.
No morirás, estúpida, no así de simple, no tan fácil como sangre, tu hija no me lo perdonaría.

Giro- ondeando

Iluminando la entrada
se miente de a gotas
mi curso fugaz,
puedo volver la mirada
y hallar mi varada
cintura de acopio cintura plural.

Desde las perchas del cuarto
hasta el mismo ritual de humedades figurativas,
desde la escriba parcela
hasta el piso de abrevas de parcas de reinas de pulsión de vida
puedo tropezar contigo
con el mismo tino
que doy con el sol,
luz o tibia sensación,
cualquiera su gema, expresarte es color.

Dónde me dejas si voy
cual runa a tu suerte de asfalto labial,
donde cenizas juntar
el tiempo me escribe del tiempo a pasar;
no disparar me detiene
en la calma por eje ya no tengo de mi,
dormir luego de vivir te tiene tan cerca.

Rueda el cielo es un decir que transcurre al umbral que transpone mi techo,
tanto desgarró tu brazo por provocarme una caricia
que al abrir un nuevo jardín
podría sostenerlo todo en un solo golpe,
el perfume beber sin trinar un galope,
un terruño de piel es, luego, pretenderme en la piel que perfuma otro cobre.

Giro marino, liviano,
un giróscopo ralo
pero amparo al final.
Cruz, diamantina o vocal,
todo yo he sido en vano,
el veneno es unilateral.